Colapso vs. Congelación (Inmovilización)

Updated: Jun 12

English version - https://www.justinlmft.com/post/shutdownvsfreeze

Spanish translation by Sara Sandoval Trota.


(Los enlaces dirigen a productos en Amazon, de los que recibo parte del beneficio económico de la venta, sin ningún coste extra para vosotros)


Seguramente os habéis dado cuenta ya de que denomino a la tercera respuesta de supervivencia ≪colapso≫ y no ≪congelación≫. Tradicionalmente se utiliza la palabra ≪congelación≫, y era la palabra que yo también solía usar por defecto (aunque en el episodio 4 uso ambos términos indistintamente). Esto cambió cuando hablé con el Doctor Porges y me aclaró que la ≪congelación≫ y el ≪colapso≫ son dos fenómenos distintos, a pesar de estar conectados muy directamente entre sí.

Existe toda esta ambigüedad porque la gente usa la palabra congelación cuando en realidad a lo que se refieren es al colapso. El ratón atrapado entre los dientes del gato no está congelado, solo está “flojo”… Esta pérdida de firmeza muscular es una reacción vagal dorsal.

El colapso es cuando perdemos el sentido o la fuerza. La congelación es la suma de agitación simpática y apagado conductal. Es el lucha huida combinado con la inmovilización. Hay una inmediata sobrecarga de energía muy intensa para huir o atacar, al mismo tiempo que el cuerpo se queda inmóvil o se le inmoviliza por fuerza. En consecuencia, la energía simpática acaba quedando atrapada en el sistema nervioso. Este es uno de los dos posibles caminos que llevan al trauma.

En el estado de defensa lucha huida, los humanos y otros mamíferos necesitan moverse. Si… nos aislamos o nos contenemos, nuestro sistema nervioso… acabará quedando inmovilizado. (Porges, Pocket Guide 67).

El cuerpo se queda inmovilizado con una neurocepción de amenaza a nuestra vida, lo cual puede ocurrir a causa de una fuerza física externa o de la percepción interna de que nuestro cuerpo se va a morir. Cuando estamos a punto de ser agredidos sexualmente, nos sale el instinto de querer huir, pero somos incapaces de hacerlo por varios motivos. Además, tampoco podemos defendernos, y puede que entonces caigamos en un estado de colapso y perdamos la fuerza; pero puede ser también que la energía simpática en el sistema nos deje inmovilizados. El resultado: el estado de congelación.


También podemos entrar en el estado congelación en momentos de la vida cotidiana, como por ejemplo cuando nos anestesian al mismo momento que estamos sufriendo altos niveles de ansiedad (energía simpática de huida) antes de una operación. Cuando se nos duerme en tal estado, salimos de la anestesia con una carga simpática. Nos despertamos enfurecidos, chillando o muy agitados Mi mujer ha visto esto con sus propios ojos varias veces cuando trabajaba de enfermera en una sala de operaciones.


La experiencia más común de la congelación es probablemente el pánico. Cuando entramos en pánico estamos muy cargados, aterrorizados, activados y en alerta; pero por otra parte, también nos encontramos tiesos, congelados y que no nos podemos mover. No hemos perdido el conocimiento del todo, todavía estamos lo suficientemente presentes como para sentir el malestar. El pánico puede desencadenar un estado catatónico (congelación total) y de bajo rendimiento cognitivo.


Ejemplo: Melody entra en la sala para la sesión de terapia con un alto nivel de agitación simpática y quiere atacar a un grupo de compañeros a los que percibe como una amenaza. No puede escapar porque saben a qué escuela va. Ella está convencida de que la estarán esperando en la salida después de clase. Tampoco puede atacarles porque no están allí en ese momento. Además, está sola contra muchos y está alterada, lo cual le impide identificar al enemigo con certeza o ganar la pelea. Durante las sesiones, no para de darle vueltas a sus pensamientos, lo cual la arrastra cada vez más y más fondo en su agitación simpática, sin la posibilidad de sentirse a salvo. El terapeuta intenta intervenir bastantes veces para proponerle soluciones, como salir de paseo, practicar la respiración profunda y comprobar lo que es real y lo que no, así como buscar un plan para estar a salvo. Todas estas sugerencias la agobian todavía más, y empeora todavía más al percibir la desesperación y la frustración del terapeuta, lo cual le transmite indicios de desconexión. Su sistema nervioso intenta apagarse, mientras ella está sobrecargada simpáticamente, lo cual resulta en pánico, y en consecuencia percibe más señales de peligro y la invaden más pensamientos totalmente fuera de control. Al final, cae en un estado de congelación catatónica, en el que el cuerpo entero se le contorsiona y queda congelado dura unos cuantos minutos.


Las personas también experimentamos una variante del estado de congelación con las fobias. Tienen una gran carga de energía simpática, pero perciben neurológicamente que nuestras vidas corren peligro. Personalmente suelo tener problemas con las alturas y, aunque no sé muy bien por qué, mi cuerpo lo percibe una amenaza a mi vida cuando estoy en lugares elevados.


De camino a San Francisco, en la zona de Walnut Creek en California, hay un puente que tiene un arco muy agudo. Este puente es mi peor pesadilla. En mi cabeza sé que estoy a salvo: mi coche no tiene ningún problema, sé conducir bien y el puente no se va a romper. Aun así, cuando estoy en ese puente mi cuerpo se sobrecarga y me aumenta el ritmo cardíaco, me empiezo a ahogar, se me tensan los músculos, no puedo hablar con claridad y me vuelvo totalmente incapaz de mantener los pies en la tierra por mucho que lo intente. La narración viene seguida de la sensación, y empiezo a imaginar que se me va a morir el coche en medio del puente y que la gente detrás de mi va a colisionar conmigo y con los otros coches. Mientras todo esto pasa, como estoy atrapado en la situación, mi cuerpo se empieza a apagar. No me puedo mover, se me va la sangre de la cara y empieza a disminuir la sangre que me llega al cerebro, lo cual desencadena en un estado de clara disociación. Pasada la cima del puente, vuelvo a ver la tierra, pero solo después de empezar a hablar en voz alta y narrar todo lo que está pasando a mi alrededor y de obligarme a mantener la respiración regular. Una vez vuelvo a pisar tierra, el estado de congelación queda disuelto al instante.


El tráiler de La vida me supera de Netflix es bastante triste, pero es un excelente ejemplo de colapso extremo, y un documental corto que vale mucho la pena ver.



Desmayarse en una montaña rusa es otro ejemplo de colapso. A diferencia del tráiler de arriba, esta gente en colapso salen del estado muy rápido, aunque algunos vuelven a caer en él.



Este video de cabras muestra la rigidez de la reacción de congelación. Fijaros que tienen una carga simpática cuando se quedan congeladas. Corren y/o hay alguien con pocos escrúpulos que las intenta asustar adrede. ¡Que conste que no estoy nada de acuerdo con este comportamiento!



Y esta es la diferencia entre el colapso y la congelación. Espero que haya podido aclarar la diferencia. Para más información sobre el estado de congelación en concreto, recomiendo especialmente a Peter Levine. Sus libros son fáciles de entender y ha dedicado mucho tiempo al estado de congelación. En una voz no hablada es excelente para una comprensión más profunda, y Sanar el trauma es para, pues eso, sanar el trauma.

  • Instagram
  • Facebook
  • Twitter
  • YouTube

Become a $5 Member

to access the exclusive podcast - Polyvagal Patrons

Patreon_White_on_Navy.jpg

If you are experiencing an emergency, please call 911 or:

 

National Suicide Prevention Hotline

  • 1 (800) 273-8255

National Domestic Violence Hotline

  • 1 (800) 799-7233

LGBT Trevor Project Lifeline

  • 1 (866) 488-7386

National Sexual Assault Hotline

  • 1 (800) 656-4673

Crisis Text Line

  • Text “HOME” to 741741